dilluns, 29 d’octubre de 2007

Empacho de parafernalia

Vamos, no seas ridículo y despréndete cuanto antes de todas esas andróminas que llevas encima. La nariz de payaso hace tiempo que me dejó de parecer graciosa. Y esa lágrima postiza de cristal que llevas en la mejilla no transmite candidez, deberías haberte dado cuenta. Estoy aburrida de tu chistera y de los estúpidos objetos que sacas de ella. Olvídate también de ese saco de trastos inútiles que arrastras a todos lados por si algún día los necesitas. No te engañes, no pareces un coleccionista empecinado, más bien tienes apariencia de padecer el síndrome de Diógenes. Mi irrita esa pinta tuya de árbol de navidad barato, de fiesta de disfraces ambulante.

Venga, sé valiente, ven a verme sin ese repertorio de cacharros de todo a cien. Acércate ligero y con las manos libres. Entiende por fin que esa es la única manera de hacer posible el abrazo.

Fin del trayecto

Vuelvo de Madrid en tren y este trayecto es para mí como el final de la montaña rusa de sentimientos en que he estado subida estos últimos días. Ahora arriba, ahora abajo, a toda velocidad y siempre sujeta a los mismos carriles.

Visitar un ciudad con tanta gente, a veces ayuda a percibir de otra forma la propia cotidianidad. Y es un gusto recordar que entre el barullo, reconozco unas manos que me estiran e intentan sacarme de allí volando. Si lo consiguen o no es lo de menos.

Me pregunto por qué irá mi compañera de asiento a Barcelona y si merece la pena el libro que lee. Al mío le quedan pocas páginas y he preferido cerrarlo, para que el final se demore al máximo, como el nuestro.

Pienso en las cosas que dejé pendientes en casa y enseguida me vienen a la cabeza unas cuantas palabras no dichas. Me pregunto por qué no llegaron a salir jamás de mi boca. Seguramente no haya un motivo verdaderamente profundo, quizás simplemente la coyuntura las retuvo. Igual que sucede ahora, cuando el único papelito que encontré en mi bolso está lleno de letras y no puedo seguir escribiendo.

dimecres, 10 d’octubre de 2007

Excesos de prudencia

Cometer el error de consultar con alguien su parecer acerca de una acción que tienes pensado realizar, partiendo de la base de que quizás le pueda causar algún tangencial daño colateral, tiene el castigo justo de que el consultado entienda que lo que le estás pidiendo es su permiso o consentimiento y, además, te lo deniegue.

O como diría mi madre “eso te pasa por idiota”.

dimecres, 3 d’octubre de 2007

Objetos sin utilidad

Hacía bastantes días que no hacía caso a mi colección de objetos sin utilidad. Hoy les he dedicado la tarde, o me la han dedicado ellos a mí, según se mire.

He estado un buen rato mirando una a una mis postales ilustradas, esas que nunca enviaré. Luego he echado un ojo a la caja de música, sin moverla de la estantería y, por supuesto, sin hacerla sonar. He comprobado que los palillos chinos se conservan bien en su estuche negro, esperando a que algún día yo pueda tolerar la comida oriental. El tiesto sin planta tenía un poco de polvo.