dijous, 20 de desembre de 2007

Travesía

Mañana nos vamos a Mallorca. Pasaremos entre siete y ocho horas en el ferry que une Barcelona y Palma. Lo que para muchos es un viaje pesado, a nosotros simplemente nos gusta hacerlo.

La salida del puerto de Barcelona es una despedida tranquila, necesaria para tomar conciencia de lo que queremos aparcar por unos días. En alta mar, sólo rodeados por el mediterráneo, hacemos planes para los días que tenemos por delante, aunque habitualmente no avanzamos más allá del “qué bien vamos a estar, verdad?”. Y el instante en que se reconoce por fin en el horizonte la silueta de la isla es invariablemente emocionante.

divendres, 14 de desembre de 2007

Crecer

Me estoy haciendo mayor. Lo noto claramente cuando un amigo de la universidad termina su correo diciendo “Os quiero” y todos nos apresuramos a contestarle “¡yo también te quiero!”.

dijous, 13 de desembre de 2007

Falsa alarma

Hablábamos de trabajo, yo del mío y tú del que estabas buscando. Yo me ponía gris y te decía que lo mejor era que asumieras que un trabajo es a fin de cuentas sólo eso, un trabajo, que buscases tu realización en otro lugar.

Y cuando ya pensaba que me ibas a mandar a la mierda, simplemente preguntaste:

  • ¿A ti qué trabajo te haría feliz?
  • Violoncelista – dije yo, casi solapando mi respuesta a tu pregunta y con una enorme sonrisa de seguridad en la boca.
Pensé que la conversación se iba a poner interesante y hasta noté como el color gris me abandonaba. Pero no tardé en entender que se trataba únicamente de una falsa alarma. Lo que añadiste a continuación no fue sino uno de esos pequeños detalles que, casi sin darnos cuenta, marcan la diferencia entre las relaciones que aumentan en complicidad a medida que pasa el tiempo, y aquellas otras que simplemente se estancan.
  • Pero si tú no tienes ni idea de tocar el violoncelo!

dimecres, 12 de desembre de 2007

Eclipse

Tú dices que hay personas especiales y a mí se me ocurre que también hay momentos especiales. Casi como un eclipse, de pronto convergen una serie de factores y se hace posible. Y esta vez quizás fueron las piedras, que tomaron protagonismo para demostrarnos que podemos apretarlas con las manos y convertirlas en polvo porque hasta los obstáculos pueden ser tan solo espejismos.

Los caminos que ha trazado el silencio son los más difíciles de deshacer, y yo sigo siendo torpe a la hora de encontrar atajos; tú tampoco andas fina en orientación. Intento sin embargo ofrecerte palabras firmes mientras pienso en un libro de Josep Pla y en que tal vez algún día te hable de él. Como banda sonora, el chirriar de las puertas que estoy abriendo me recuerda que llevaban demasiado tiempo cerradas.

Al final, la inquietud de no estar segura de haberte sabido explicar que en realidad no arriesgas nada, que puedes tirarte al vacío. Lo intentaré de nuevo la próxima vez, pero ese día no cuento con que las piedras estén tan de nuestra parte y me temo que necesitaré otro eclipse.

dilluns, 10 de desembre de 2007

El círculo

Siempre he tenido la intuición de que caminamos en círculo. Ahora estoy casi segura del todo.


Kevin Johansen - El círculo

diumenge, 9 de desembre de 2007

Contra la pared


A cinco centímetros, delante de mí, una enorme pared me impide avanzar. Me obceco en encontrar la manera de que mi cuerpo pueda atravesarla. Llevo tanto tiempo intentando dar con la solución al problema, que por momentos creo que estoy delirando. Imagino que mi mano atraviesa la capa de ladrillos y cemento, detrás de ella puede ir el resto del cuerpo.

No soy tan racional como todos piensan y sí creo incluso en que un milagro pueda ayudarme. O que de pronto las leyes de la física puedan volverse del revés. Estoy mereciendo una solución porque le estoy poniendo todo el empeño. Y en mi mundo irracional y único, uno obtiene siempre lo que merece.

Pero por un momento dejo la mente en blanco. Si mi cuerpo pudiese atravesar esa pared, entonces eso no sería una pared, ni lo que atraviesa sería un cuerpo. Estaba tan cerca de la solución, que nunca estuve más lejos. Decido dar media vuelta y caminar hacia atrás. Esquivar el obstáculo no tiene que ser menos digno.

dimecres, 28 de novembre de 2007

Te doy un diez

Te doy un diez porque te digo que cuándo nos vemos y me das cita para esa misma tarde. Porque no paras de hacer cosas (estudias, trabajas en dos sitios, buceas, buscas piso, haces cursos) y nunca me dices que estás muy liada. Porque tú tenías pinta de maleducada y yo de mosquita muerta pero nos reíamos. Y todavía nos reímos hasta llorar, sin contar chistes, ni reenviarnos correos con vídeos estúpidos. Porque vemos el mundo tras el mismo cristal y no entendemos las mismas cosas, aunque tú lo llevas mejor. Porque buscas y buscas sin parar pero no te las das de intelectual. Porque te gusta hacer las cosas bien, sino no las haces. Porque eres capaz de explicarme lo que te entristece sin olvidar lo que te alegra. Porque me dices que soy buena y que tenemos que hacer algo juntas. Porque en vez de quejarte buscas soluciones con una fuerza y una decisión envidiables. Porque me miras y me dices que somos amigas. Porque no te has dejado contaminar sin necesidad de vivir en una burbuja. Porque me preguntas por lo que sabes que me importa. Porque eres absolutamente verdad y no dejas ninguna grieta para la duda.

dilluns, 26 de novembre de 2007

Lo que yo decía...


... por suerte siempre hay alguien que lo ha dicho mejor.

dissabte, 24 de novembre de 2007

Mirando atrás

Sin ánimo de caer en sentimentalismo barato, que mucho se oye ya eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Lo que yo digo no es eso, aunque sí creo que no hemos sabido arrastrar con nosotros lo mejor y dejar atrás lo que no nos gustaba.

Con cierta distancia, me parece que hemos salido perdiendo. Que las pandillas eran lazos de raso con los que atarnos las muñecas y salir volando. Y esos lazos son ahora sogas rígidas que nos marcan la piel. Sinceramente, nunca imaginé que te casarías y me harías ir a verte horriblemente disfrazada, eso no fue lo que planeamos.

No podíamos hacer nada y sin embargo hicimos tantas cosas. Imaginamos muchas veces cómo sería este momento e incluso guardamos unos cuantos sueños para hoy.

Y ahora hemos olvidado esa caja de intenciones en un lugar que no recordamos. Nos encontramos y nos damos palmaditas en la espalda y todos estamos bien, la familia también. Pero no te engañes, no era esto lo que habíamos soñado.

Si queréis, yo también escondo las fotos de cuando teníamos veinte años, pero aún así los tuvimos.

Cumpleaños


Pues ayer caí en la cuenta de que este blog ha cumplido un año. Fue el 7 de noviembre de 2006 cuando empezaba a dejar rastros en él. O sea, que ya hace unos cuantos días que debía haber preparado la tarta e invitar a los amigos, pero como es habitual en mí, se me pasó una fecha señalada.

Si aceptase que toca hacer balance, debería decir que estoy bastante satisfecha. El espacio está cumpliendo a la perfección su tarea: consigo hacer salir las opresiones, aunque les pierdo el rastro cuando se van, pero eso no me importa.

No tengo tan claro por qué pongo todo esto al alcance de cualquiera, seguramente bastaría con guardarlo en el disco duro de un rincón de mi casa. Mientras busco la respuesta, me seguiré haciendo preguntas.

divendres, 23 de novembre de 2007

Encuentro


Yo estaba dispuesta a encontrar al hombre de mi vida. Y nada más verle, supe que era mi complemento perfecto porque le olían las manos a mandarina y yo estaba entonces resfriada.

Al final no funcionó.

dijous, 22 de novembre de 2007

El comienzo del absurdo

Leo mientras tomo un café, aunque estoy poco concentrada en la lectura. En realidad estoy visualizando la estampa desde fuera. La cafetería está casi vacía, bastante silenciosa y del café con leche me gusta todo: temperatura, taza y producto. Hago una foto mental para enmarcar el momento mientras voy avanzando entre las líneas por pura inercia.

De pronto me paro en una frase y la voy releyendo una y otra vez.

“El absurdo había comenzado tan atrás que ahora tan absurdo resultaba obrar sensatamente como obrar absurdamente”.

Entiendo que a veces no hay un camino mejor que otro. Y que haber tomado un camino equivocado no significa necesariamente que haya uno correcto.

dimecres, 21 de novembre de 2007

La diferencia entre lo que somos y lo que decimos ser

Que no digo que sea fácil, ni que yo lo haya conseguido, pero me parece que estaría bien que todos en general reflexionáramos un poco. Que no se trata de alcanzar la perfección, ni de ser un ejemplo para nadie, pero podríamos esforzarnos mínimamente y ganaríamos mucho en credibilidad. Que no es ninguna tontería establecer una relación entre lo que dices ser y lo que realmente eres. Porque lo que eres se refleja en lo que haces y a veces, francamente, no hay quien logre resolver la ecuación. Que si te encanta vestir pantalones amarillos, no entiendo por qué jamás te vi con ningunos. Y hasta te lo puedo poner fácil, porque hay dos maneras de cuadrar números. Que nadie lleva pantalones amarillos, ya lo sé, pero había más colores a elegir. Haber dicho que te gusta vestir pantalones tejanos y problema resuelto. Que a mí me gusta jugar al supermanager, no sé si me explico.

dilluns, 19 de novembre de 2007

Cuando algo se termina

Hay historias que empiezan y se acaban, igual que otras duran para siempre. De las que se acaban, algunas veces ya nacieron con fecha de caducidad, con lo cual el final se acepta sin más; y otras veces ese final no es anunciado y le coge a una con el paso cambiado.

Yo tengo mucha dificultad en asumir el papel que me toca en el fin de las historias, sobre todo en aquellas que van terminando poco a poco, como en una eterna agonía y necesitan de alguien que dé el paso definitivo y cierre el grifo. Me cuesta asumir el papel pasivo, el de esperar a que sea el otro quien dé ese paso final. Me suele poner extremadamente nerviosa el último goteo acompasado que no se interrumpe nunca, y al final me lanzo como una energúmena y de un golpe seco acabo con ese suministro inútil.

Aunque en realidad yo sólo me encargo del último pequeño giro, acabo convertida en la protagonista de ese final. Por siempre más soy la que cerró el grifo, y encima violentamente.

dimecres, 14 de novembre de 2007

Punto de inflexión

Tras décadas de feliz matrimonio, algo empezó a torcerse cuando ella decidió, a los 42 años, dedicarse por entero a su vocación recién descubierta: la afinación de pianos. Nunca antes había tocado instrumento alguno, ni siquiera cantaba en la ducha y, por tanto, esa decisión repentina suya cogió un poco descolocado a Arturo, su hasta entonces compresivo marido.

Arturo, sin embargo, asimiló pocos días después la noticia y hasta le pareció acertada. Tanto fue así, que tras pararse a pensar detenidamente durante minuto y medio, decidió, a sus 49 años, que él también se dedicaría exclusivamente a la actividad que más le agradaba: desprecintar CDs.

dimarts, 13 de novembre de 2007

Lejos

Estaba serena, que no tranquila. De repente fue como si aceptara aquella situación suya de lejanía con todo, como algo natural. Y sin embargo no era así, porque lo cierto era que poco tiempo antes disfrutaba de una intensa red de complicidades que había ido tejiendo con todo el mimo y que usaba una y otra vez como elemento propulsor. Estaba serena aunque no podía dejar de ver la espesa y pegajosa sustancia que se interponía entre ella y todo lo demás. Mirara hacia donde mirara, aquella especie de masa, sin duda verde, le inundaba la visión. Y le parecía de pronto hasta graciosa y dibujaba una sonrisa cuando no podía ver prácticamente nada al otro lado, ni del otro lado la debían ver a ella.

divendres, 9 de novembre de 2007

Ciudad fantasma

Quizá ha llegado el momento de reconocer que nada es verdad, que construyo sobre arenas movedizas una ciudad fantasma. Quizá es momento de aceptarme sin paredes, y andar con lo puesto por el camino oscuro. Tendré miedo, pero ¿acaso no lo tengo ahora? Necesitaré protección, pero ¿qué mejor que la única protección verdadera?

dilluns, 5 de novembre de 2007

Vías de escape

La semana pasada estuve a punto de escribir un listado de maneras destructivas de acabar con un día de mierda. Hace dos semanas casi conseguí gritarle a alguien que me parecía un ser detestable. Desde hace un año vengo barajando la idea firme de no contestar ni una más de sus llamadas. Ayer quise ocultarme en las sábanas y llorar hasta no poder más, pero no pude ni empezar.

Hoy simplemente me cago en la empatía, en la paciencia y en la jodida discreción. Por algo se empieza.

divendres, 2 de novembre de 2007

Día de reconciliación

Día de reconciliación con mi ciudad adoptiva. Hace tiempo que mantenemos una relación tormentosa, aunque a mí nunca me gustaron los chicos malos. Lo nuestro es un cúmulo de reproches constantes, porque al fin y a cabo no soy capaz de perdonarle todo lo que alguien le perdona a la ciudad donde nació y creció. Eso es otra cosa.

Por la mañana compras en el mercado que estaba más sugerente que de costumbre, con pausa para el desayuno incluida. Más tarde, paseo por las calles que aún son capaces de guiñarte un ojo y enseñarte rincones donde vale la pena detenerse a mirar. En uno de ellos, en la Plaça del Rei, hacemos un alto para escuchar música vasca y la plaza se ilumina.

Recorremos las estanterías de nuestra librería favorita y compramos más libros de los que deberíamos. Yo asiento con la cabeza, muy seriamente, cuando tú me propones una excusa que justifica el dispendio. Y cuando te giras me río. Tomamos café y comemos lo que no nos conviene en la mejor pastelería de la ciudad. Y, al final, volvemos a casa en autobús mientras se hace de noche.


Refree - Glorietas

dilluns, 29 d’octubre de 2007

Empacho de parafernalia

Vamos, no seas ridículo y despréndete cuanto antes de todas esas andróminas que llevas encima. La nariz de payaso hace tiempo que me dejó de parecer graciosa. Y esa lágrima postiza de cristal que llevas en la mejilla no transmite candidez, deberías haberte dado cuenta. Estoy aburrida de tu chistera y de los estúpidos objetos que sacas de ella. Olvídate también de ese saco de trastos inútiles que arrastras a todos lados por si algún día los necesitas. No te engañes, no pareces un coleccionista empecinado, más bien tienes apariencia de padecer el síndrome de Diógenes. Mi irrita esa pinta tuya de árbol de navidad barato, de fiesta de disfraces ambulante.

Venga, sé valiente, ven a verme sin ese repertorio de cacharros de todo a cien. Acércate ligero y con las manos libres. Entiende por fin que esa es la única manera de hacer posible el abrazo.

Fin del trayecto

Vuelvo de Madrid en tren y este trayecto es para mí como el final de la montaña rusa de sentimientos en que he estado subida estos últimos días. Ahora arriba, ahora abajo, a toda velocidad y siempre sujeta a los mismos carriles.

Visitar un ciudad con tanta gente, a veces ayuda a percibir de otra forma la propia cotidianidad. Y es un gusto recordar que entre el barullo, reconozco unas manos que me estiran e intentan sacarme de allí volando. Si lo consiguen o no es lo de menos.

Me pregunto por qué irá mi compañera de asiento a Barcelona y si merece la pena el libro que lee. Al mío le quedan pocas páginas y he preferido cerrarlo, para que el final se demore al máximo, como el nuestro.

Pienso en las cosas que dejé pendientes en casa y enseguida me vienen a la cabeza unas cuantas palabras no dichas. Me pregunto por qué no llegaron a salir jamás de mi boca. Seguramente no haya un motivo verdaderamente profundo, quizás simplemente la coyuntura las retuvo. Igual que sucede ahora, cuando el único papelito que encontré en mi bolso está lleno de letras y no puedo seguir escribiendo.

dimecres, 10 d’octubre de 2007

Excesos de prudencia

Cometer el error de consultar con alguien su parecer acerca de una acción que tienes pensado realizar, partiendo de la base de que quizás le pueda causar algún tangencial daño colateral, tiene el castigo justo de que el consultado entienda que lo que le estás pidiendo es su permiso o consentimiento y, además, te lo deniegue.

O como diría mi madre “eso te pasa por idiota”.

dimecres, 3 d’octubre de 2007

Objetos sin utilidad

Hacía bastantes días que no hacía caso a mi colección de objetos sin utilidad. Hoy les he dedicado la tarde, o me la han dedicado ellos a mí, según se mire.

He estado un buen rato mirando una a una mis postales ilustradas, esas que nunca enviaré. Luego he echado un ojo a la caja de música, sin moverla de la estantería y, por supuesto, sin hacerla sonar. He comprobado que los palillos chinos se conservan bien en su estuche negro, esperando a que algún día yo pueda tolerar la comida oriental. El tiesto sin planta tenía un poco de polvo.

diumenge, 30 de setembre de 2007

Laberintos

Tras años de infelicidad, sintió que había conseguido ser feliz en su mundo imaginario. Cuando quiso volver al mundo real para compartir la felicidad con los suyos, había olvidado el camino de regreso.

dimecres, 26 de setembre de 2007

Construyendo castillos

No formo parte del grupo de pesimistas que piensan que el mundo está muy mal, que se han perdido los valores y que ya no queda más remedio que intentar sobrevivir en esta marea de egoísmo que nos arrastra sin que podamos escapar. Yo aún creo en las personas.

Conozco una persona que conserva intactos sus principios y otra que cree en la buena voluntad de los demás aunque se dé una y otra vez de morros contra la pared que le demuestra lo contrario. Tomo café algunas tardes con un chico que sólo valora la belleza interior y salgo de paseo con una amiga en el amplio sentido de la palabra. Vivo con un hombre que es capaz de ayudarte en todo sin esperar nada a cambio y hoy he hablado por teléfono con una mujer que se deja llevar por sus sueños.

Todos ellos y otros más se convierten en las piezas con las que poco a poco construyo mi castillo. Encaramada en la torre y con la mano extendida sobre la frente, diviso un mundo mejor.

En otros momentos, cuando al intentar bajar del vagón de metro constato que existen hombres y mujeres de más de 40 años incapaces de comprender el significado de la frase “dejen salir antes de entrar”, se me desparraman todas las piezas y no veo más que mi propia sombra. Pero aún me quedan ganas de empezar de nuevo a construir otro castillo.

diumenge, 23 de setembre de 2007

Soledades

El día que lo abandonó tenía los ojos hinchados, había llorado toda la noche. Como siempre, habría sido muy fácil convencerla para que se quedara, pero él no se dio cuenta de nada porque no la miraba a los ojos y esa fue la primera y última causa de sus soledades.

dissabte, 22 de setembre de 2007

Teoría de conjuntos


Entendí la teoría de conjuntos cuando supe que, para olvidarte, era necesario no volver a transitar los senderos de nuestra intersección.

divendres, 21 de setembre de 2007

Maneras de caminar

El camino es amplio y tú te empeñas en que circulemos por el borde, aún sabiendo que a lado y lado el vacío te amenaza. Yo avanzo, pero con los ojos inundados. Si algún día un pequeño error de cálculo hace que te precipites, también se precipitarán mis lágrimas. Habremos aprendido lo que hay más allá del límite, pero no podremos regresar al camino.

dijous, 20 de setembre de 2007

Las formas de la felicidad


La felicidad, algunos días, también tiene forma de magdalena grande y esponjosa.

dilluns, 17 de setembre de 2007

Boomerang

Dicen algunos de mí que no soy espontánea y la verdad es que no les falta razón. Para derrochar espontaneidad aún me falta ser capaz de no arrepentirme de algunas de las cosas que hago.

Está de moda ir por ahí diciendo sin complejos “yo no me arrepiento de nada”. Pues yo sí me arrepiento de muchas cosas y, si pudiese volver atrás, no las haría. No las haría porque algunas de ellas se vuelven contra mí como en efecto boomerang y lo cierto es que las experiencias masoquistas aún no me interesan lo más mínimo.

Hoy me voy a dormir con la sensación de que una vez más tendré algo de lo que arrepentirme. Pero ya no hay marcha atrás. Si mañana el boomerang me golpea sin piedad y me rompe los dientes, sabré que aún no ha llegado el momento de sonreír con seguridad y poder afirmar que “yo no me arrepiento de nada”.

Nota: La RAE propone bumerán y yo esta vez no le hago caso.

dilluns, 10 de setembre de 2007

10 de setembre

Además de ser el día previo a la Diada, en mi casa el 10 de septiembre es un día festivo. Celebramos que todo sigue como nosotros estamos queriendo que sea y, pese a que no engalanamos la casa, ni montamos un gran sarao con collares hawaianos y matasuegras, estamos contentos y felices.

Somos expertos en celebrar las cosas a nuestro modo. Aún recuerdo nuestra primera cena de fin de año juntos, en tu piso compartido, con un hule de flores y calamares y patatas fritas como menú. Yo levantaba el vaso (de nocilla) para brindar sin pronunciar palabra, pero por dentro deseaba que fuésemos capaces de mantener eso para siempre.

Y así sigue siendo. Porque las playas de las Seychelles no son nada comparadas con un chapuzón en nuestra piscina en Prenafeta y la lluvia constante de Donosti nos divierte mucho más que el Tutuki Splash de Portaventura.

Esta noche, cuando cerremos las puertas de nuestros 50 metros cuadrados y nos quedemos dentro, yo no sacaré un pastel con 33 velas, y tú no esperarás que te regale una Playstation. Yo estaré inquieta por haber sido incapaz, una vez más, de obsequiarte con lo que te mereces y tú dirás que no importa. Y mañana abriremos los ojos en día festivo, y harás pucheros. Yo te preguntaré “¿qué pasa?” y tú dirás “estoy enfadado porque no me regalaste nada”. Nos reiremos y saldremos a desayunar. Yo levantaré la taza de café con leche sin mediar palabra, pero internamente desearé de nuevo que sepamos mantener siempre esto.

dijous, 6 de setembre de 2007

Tu autosuficiencia

Quiero que seas la persona más feliz del mundo, que te diviertas, que disfrutes, que todo sean cosas buenas en tu vida, que no necesites mi hombro para llorar porque no tengas nada por lo que llorar.

Sin embargo, no puedo soportar los momentos en que estás cerca de todo eso y te vuelves tan descaradamente autosuficiente.

diumenge, 2 de setembre de 2007

Sólo importa importar

Puede ser que sólo importe importar y que a los que no nos importa ser importantes, la sociedad nos deporte.

Pero a mí me importa mucha gente que nunca será portada del libro de las personas importantes.


Mauricio Diaz "Hueso" - La Suma de la Suma

dijous, 30 d’agost de 2007

Escoger

A veces estamos buscando algo desesperadamente y lo tenemos a nuestro lado sin darnos cuenta, y tú eres un claro ejemplo de eso. Nacimos y crecimos en el mismo barrio sin que nuestros caminos se cruzaran y sólo supe que existías cuando los dos nos estrenábamos con torpeza en eso de ser adultos. Enseguida llegó ese día en que me dijiste simplemente “¿me acompañas a casa?”.Esa frase quedaría en mi recuerdo para siempre, convirtiéndose además en una metáfora de nuestra vida juntos.

Ese día estábamos rodeados de gente pero me elegiste a mí. Y fue un placer acompañarte sabiendo que no estaba a tu lado por casualidad, y que no me hablabas como hubieses hablando a cualquier otro. Y así ha sido siempre desde aquel día. Siempre he sabido que tú y yo no nos habíamos encontrado en el camino, sino que nos habíamos elegido mutuamente. Nos habíamos apuntado con el dedo como quien se compra una joya y, de entre un escaparate repleto de objetos poderosamente atrayentes, escoge la suya sin dudar.

Después vinieron montones de amaneceres que nos alumbraban para recordarnos que, pese al refugio que nos dábamos, había un mundo ahí fuera por explorar. Vinieron noches en que las estrellas aparecían sólo porque nosotros las necesitábamos y se lo demostrábamos con las manos frías. Habitamos un lugar que los dos sabíamos que existía y al que siempre se puede regresar. Y hoy aún regresamos. Volvemos a encontrarnos siempre allí, alertados por las notas de una guitarra, y lloramos lágrimas secas que el viento hace suyas.

dimecres, 29 d’agost de 2007

Si te vas

Si te vas, iré a buscarte en mi barquito de papel. Intentaré remar con todas las fuerzas pero, probablemente, no consiga llegar a donde estés.

diumenge, 12 d’agost de 2007

Vacaciones


Nos vamos de vacaciones. Me llevo una maleta llena de cosas que espero no tener que utilizar y también un par de fantasmas que arrojar al mar.

divendres, 10 d’agost de 2007

Pasatiempos

El paso del tiempo me produce un vértigo insano. Me obsesiona que los minutos pasen y no ser consciente de ello, porque tenemos un número finito de segundos para poder vivir. Por eso, no hacer nada es una de mis actividades preferidas. Es el único modo que he encontrado de poder controlar cada segundo que pasa. Consiste en mirar fijamente las agujas de un reloj y tomar conciencia de que cada uno de los movimientos de la aguja es un segundo que pasa. Cada uno de esos instantes ha existido, incluso ha podido tener un nombre propio, y yo he estado ahí para darme cuenta.

Y mientras tanto, algunos hacen sopas de letras, crucigramas, sudokus o cualquier otro tipo de pasatiempo.

dijous, 9 d’agost de 2007

La elefanta

Algunas veces presumo en voz alta de lo mucho que me conozco a mí misma. Sin embargo, hoy me he recogido el pelo frente al espejo y, francamente, no recordaba tener unas orejas tan grandes.

dimecres, 8 d’agost de 2007

Asientos reservados

De la serie “Hoy he visto”.

02//

Hoy he visto una chica morena que cedía su asiento en el autobús. No lo cedía a una embarazada, ni una persona mayor, ni a nadie que pudiera sentirse representado por ninguno de esos símbolos que hay debajo de la frase “asientos reservados”. La joven se ha levantado para que pudiese ocupar su lugar una chica que había encontrado a una amiga suya justo en su asiento contiguo.

Contribuir a alimentar la amistad entre las personas me ha parecido un buen motivo por el que ceder el asiento. Entonces me he levantado yo y he ofrecido mi lugar a la chica morena, haciéndole un gesto con la mano. Valorar a quienes contribuyen a alimentar la amistad entre las personas también me ha parecido un buen motivo por el que ceder el asiento.

diumenge, 29 de juliol de 2007

Diques

[...] a diferencia del amor, que rebosa a toda hora, la amistad necesita diques. [...]

BUARQUE, Chico. Budapest. 2003.


Cuando alguien te lee la mente y es capaz de publicar tus pensamientos, quizás lo mejor sea callar, y esperar a la siguiente entrega.

dimarts, 10 de juliol de 2007

Espacios compartidos

Te has ido y la soledad ha venido a ocupar tu hueco, me hace sentir menos sola. Volverás y te cederá el espacio de nuevo, que se habrá mantenido intacto porque ella vino a ocuparlo.

dimecres, 4 de juliol de 2007

Deducciones prescindibles

No desconfiar de alguien es una actitud. Confiar en alguien es un sentimiento.

dilluns, 2 de juliol de 2007

Grandes descubrimientos

Creía que era feliz, hasta que descubrió que su mundo era de papel.

dissabte, 23 de juny de 2007

El guardián de mi intermitente adolescencia

Si hay un momento en la vida donde estamos en constante cambio, aprendizaje y adaptación de nosotros mismos, ese es sin duda la adolescencia. Yo en esto no fui una excepción. Aunque sí me sorprendo a veces teniendo la sensación de que ese período de mi vida no está cerrado, sino que aparece y desaparece.

Mi adolescencia intermitente no consiste en volver a tener que preocuparme por el acné juvenil (que además nunca tuve), ni en que una desconocida fuerza interior me invite a llenar de recortes de revista cada rincón de mi habitación. Tampoco me descubro pensando que el mundo está en mi contra, ni me rodeo de amigos hasta para ir a comprar el pan.

Sin embargo, cada cierto tiempo, la certeza de estar en los primeros cursos de un largo aprendizaje se me hace insultantemente evidente. A la vez, si miro a mi alrededor, el paisaje que me rodea es desconocido, pero no me asusta. Estoy segura de que atravesarlo no conllevará ningún peligro; en parte porque el insolente arrojo de los quince años me acompaña, pero principalmente porque sé que el guardián de mi primera adolescencia, también ahora me protege.

dijous, 21 de juny de 2007

Jugando al despiste

Ser despistada me gusta. Quizás por eso cada vez lo soy más e incluso mejor, porque me cultivo, no me conformo con tener un despiste corriente. Esta mañana he salido de casa después de haber pasado tres días fuera, y me he metido la tarjeta de metro en el bolsillo de la chaqueta. He pensado con orgullo que aquella era una gran idea, así no tendría que abrir el bolso al llegar a la parada.

Pero los ocho calculados minutos que me separan de la línea amarilla han resultado de lo más provechoso. He hecho la lista de la compra, he repasado los temas pendientes del trabajo, las personas a las que tenía que llamar, la lavadora por poner, una tienda nueva, me he mirado de reojo en un escaparate e incluso he sonreído, todo ello y algo más, mentalmente. Sin darme cuenta ya estaba ante los tornos.

La rutina entonces ha levantado mi brazo y lo ha introducido en el bolso. Ha movido mi muñeca en su interior, buscando la tarjeta de metro que sin duda creía iba a estar detrás del ipod. Pero la tarjeta no aparecía y me he tenido que apartar a una esquina de la estación, sentarme en las escaleritas y vaciar el bolso por completo. A estas alturas ya es bastante evidente que toda búsqueda ha sido en vano y, claro, he tenido que comprar un nueva tarjeta.

Esta tarde, cuando he podido recomponer en mi mente la historia tras rozar fortuitamente el bolsillo de mi chaqueta con la mano, me he sentido afortunada.

dimarts, 29 de maig de 2007

Contagios

De la serie “Hoy he visto”.

01//

Hoy he visto un tipo de sonrisa permanente. He pensado que podría ser una buena idea contagiarme de él y sonreír todo el tiempo. Después le he vuelto a mirar y me he dado cuenta de que él no se había contagiado de mi gesto de seriedad permanente. Entonces he decidido que mejor me contagiaba de su poca capacidad de contagio.

dissabte, 26 de maig de 2007

¿Quedamos?

Si llamamos para pedir hora al médico y nos dan cita para dentro de un mes, nos enfadamos y pensamos que el mundo va muy mal.

Si nos llama un amigo y nos propone ir a tomar un café para charlar de nuestras cosas, le decimos que un momentito, soplamos, miramos la agenda y le damos cita para dentro de un mes.

Tal vez si empezamos a cambiar nuestro orden de prioridades, el mundo se contagie.

dijous, 10 de maig de 2007

Falsacionismo


Siempre que he pasado un mal momento a causa de una relación amorosa o amistosa, he terminado preguntándome por qué compartir parte de tu vida con personas a las que quieres, tiene que resultar por momentos tan difícil. Compartir es mi objetivo a cumplir, pero también a veces es el obstáculo que me impide cumplirlo.

En este sentido, una frase de la película Dogville sirvió para darme bastante luz.

"Dos personas sólo se hacen daño si dudan del amor que sienten la una por la otra."

Me hubiese gustado poder firmar esta idea, porque no puedo estar más de acuerdo. En la mayor parte de las ocasiones, la duda es claramente el motivo de las dificultades. En mi caso, aún gracias, sólo me acecha una de las dos dudas que se desprenden de la frase. No titubeo a la hora de reconocerme a mí misma el cariño que siento hacia ciertas personas. Pero, ¿cómo estar segura del amor que sienten los demás por mí?

Puedes suponer, creer, confiar e incluso tener fe en que una persona te quiere, pero afirmarlo con total seguridad, eso es otra historia. Por más muestras de amor que recibas de alguien, es totalmente imposible dar por verificada la hipótesis. Y si no hay una seguridad absoluta, si queda alguna pequeña grieta, la duda se abrirá paso con toda seguridad para asomar la cabecita en un momento u otro.

Sin embargo, qué fácil es demasiadas veces decepcionarse tras reconocer, de manera insultantemente evidente, que ese aprecio que habías supuesto de aquella persona hacia ti, nunca había existido. En estos casos, la duda desaparece fulminantemente para no volver a aparecer jamás.

dimecres, 25 d’abril de 2007

Maria Teresa

Se llamaba Maria Teresa. Debía tener unos 65 años, aunque aparentaba unos cuantos más. Saber que me habían adjudicado a esa vieja loca como alumna de informática, no me hizo ninguna gracia. Cada mañana era la primera el llegar, siempre andando muy a prisa, como si tuviese la agenda repleta de actividades por hacer. No tardé mucho en averiguar que venir a mis clases era prácticamente su única ocupación. Me contó que había sido hasta hacía muy poco maestra de música en un colegio. Explicaba con rabia cómo le habían arrebatado su puesto de trabajo. En el colegio ya no la querían, entendían que ya no sabía enseñar, ella que había dedicado toda su vida a eso. Supuse que simplemente se había jubilado.

Repetía una y otra vez lo horrorosa que le parecía la informática, lo mucho que odiaba el ordenador. Se alteraba de una manera sorprendentemente desproporcionada. Yo me preguntaba por qué venía entonces cada día a clase, sin tener necesidad alguna de aprender todo aquello que yo trataba de explicarle, pero jamás se lo pregunté. No hizo falta, un día me dijo:

- Yo aprendo informática por ella.
- ¿Por ella?
- Por mi hermana, murió hace poco, ¿sabes?, le encantaba el ordenador.

Su hermana y ella debieron ser muy diferentes. Habían pasado 2 meses desde que Maria Teresa empezó sus clases y aún era para ella un objetivo inalcanzable comprender el funcionamiento del “copiar y pegar”. Se lo había intentado explicar infinidad de veces, utilizando ejemplos, objetos, comparaciones. Nada, al día siguiente la pregunta era la misma “¿me podrías volver a explicar eso del “copiar y pegar” que no lo entiendo?”.

Finalmente la frustración se apoderó de mí y un día le dije:

- Maria Teresa, creo que debería usted probar de cambiar de profesor porque yo esto se lo he explicado mil veces y no hay manera de que lo entienda. Si viene por las tardes, hay un compañero...

No me dejó terminar.

- No, si soy yo que no escucho. No me interesa.
- ¿Cómo? Entonces, si no le interesa y no me va a escuchar, ¿por qué me hace cada día la misma pregunta?
- Me gusta ver en tus ojos que, cada vez que me lo explicas, estás convencida de que esa vez lo entenderé.

Bajé la mirada y ella se retiró hacia su ordenador. Al día siguiente, a primera hora apareció Maria Teresa y con su voz acelerada se dirigió a mí:

- Laura, ayer estuve intentando practicar en casa eso del “copiar y pegar” y no hay forma, ¿me echas una mano?.

dimarts, 3 d’abril de 2007

Zanahoria

Si visualizo la amistad, veo una cuerda siempre en tensión. A cada lado de la cuerda hay una persona estirando de un extremo, hacia sí mismo. Mientras la cuerda se mantenga tensa, la amistad continua viva; cuanto más tensa, mejor. No importa si un día una de las dos sujeta con menos decisión, la otra puede compensarlo estirando un poco más. Pero si la cuerda se suelta por uno de los extremos, por mucho que desde el otro se estire con todas las fuerzas, es imposible mantenerla tensa.

Aquel día quise decirte que tú habías soltado tu extremo. Mejor dicho, que tirabas de la cuerda sólo de vez en cuando. ¿Los martes y los jueves? ¿Los días impares? ¿Domingos y festivos? Reconozco que hasta perdí tiempo en intentar justificarte bajo una imposible progresión aritmética. Pero aquella tarde, solo ante mí, tu mirada lo dijo todo y por fin entendí que sólo tirabas de tu extremo porque pensabas que en el otro, yo había atado una zanahoria.

dimarts, 27 de març de 2007

Mi conductora favorita

Suelo coger el autobús número 14 para regresar del trabajo a casa. Hace unos meses me pasó algo curioso. El 14 llegó a mi parada, se abrieron las puertas y yo subí. Supongo que iba pensando en mis cosas cuando la conductora de pronto me dijo “hoy no tienes donde elegir, eh!”. Yo respondí con una sonrisa, pero por supuesto no sabía a qué se estaba refiriendo y, cuando introduje mi tarjeta en el artefacto que las valida, vi la luz. Quiero decir que entendí a la señora conductora, que no era una charlatana más, y sólo me quería hacer notar que yo era la única pasajera del autobús.

Vale, habían pasado unos segundos, pero me hizo gracia el inesperado comentario irónico y se lo quise hacer saber siguiéndole la conversación, así que me senté en el asiento más próximo a ella y le dije “ui, qué bien, qué raro”. Está claro que no fui un ejemplo de ocurrencia y que no estuve a su altura, pero ella me dio otra oportunidad agregando “es que me han avisado de que estabas en la parada y he pasado a buscarte”. Dos a cero. Ahora ya más metida en situación, creo que no estuve mal con mi “estupendo, pues ahora cada día a esta hora, lo mismo”.

Acabamos hablando de todo, haciéndonos bromas, con la misma fluidez con que hablan dos amigas de toda la vida. Y cuando bajé del autobús porque era el final de mi trayecto, ella miró por el retrovisor, y yo me despedí haciendo un gesto con la mano. Ella me respondió con un arqueo de cejas.

Desde ese día, ella es mi conductora favorita del 14. Sorprendentemente no hemos vuelto a coincidir hasta hoy. Cuando se han abierto las puertas esta tarde y la he visto, he dicho “hola”, he validado mi tarjeta y me he sentado en un asiento cualquiera. Que ella sea mi conductora favorita no significa que yo sea su pasajera favorita y se tenga que acordar de mí. Lo acepto con alegría y sonrío. Tres minutos más tarde, un señor que rondaría los 50 se ha levantado y se ha situado a su lado. Quería decirle algo y lo ha hecho “Señorita, quiero decirle que es usted mi conductora favorita. Cojo muchos días este autobús y usted es quien mejor conduce con diferencia. Lo hace suave, suave, sin meneos. Tendría usted que dar clases al resto. Hace días que lo pienso, que es usted mi conductora favorita y, digo, voy a decírselo, para que lo sepa”.

Mi primera reacción ha sido mirar al señor con cara de cierta desaprobación, pero enseguida he caído en la cuenta de que me había marcado un golazo. Quizás el señor era un cursi que hablaba de más, pero mis pensamientos jamás han alegrado el día a nadie. Uno a cero.

diumenge, 4 de febrer de 2007

La hora tonta

Desde hace ya bastante tiempo intento vivir manteniendo una coherencia entre mis actos y mis pensamientos. Comportarme en consecuencia con lo que pienso es posiblemente la tarea más difícil que me he puesto a mí misma. Y puedo afirmar, con el convencimiento que pocas veces tengo, que no lo he conseguido, ni siquiera estoy cerca.

Si hiciéramos una representación gráfica de “lo que pienso” y “lo que hago”, yo creo que el resultado sería algo así como dos líneas paralelas que, sin llegar a tocarse, sí marchan bastante juntitas. Digamos que no se tocan, pero tampoco se pierden de vista.

Hay momentos, sin embargo, en que estas dos líneas se separan, se entrecruzan o algo parecido. El caso es que pierdo el control sobre lo que pienso y lo que hago y, para qué negarlo, hago directamente lo contrario de lo que he pensado que iba a hacer. Y aunque estos momentos se dan normalmente en situaciones de poca importancia para el desarrollo de mi vida, no dejan de ser una desmoralizante traba en el cumplimiento de mi tarea. Vendría a ser como si el que está dejando de fumar no pudiese quitarse el cigarrillo de después del café.

Un día, hablando con mi abuela, me di cuenta de que ella tenía mi mismo problema. Me explicaba que había hecho una cosa que no debía y que, de hecho, minutos antes había pensado en no hacer. Pensé que, con la experiencia de los años, quizás ella podría haber encontrado la respuesta al por qué de ese comportamiento. Entonces le dije:

- Pero abuela, ¿por qué lo hiciste?

Y ella, con toda naturalidad, respondió:

- Mira, estaba en mi hora tonta del día...