dimecres, 2 de novembre de 2011

Mi hermana compró una antología poética de José Hierro porque le obligaron en el instituto. Menudo tocho, decía. Cogía el libro y lo soltaba en menos de tres minutos. Y así varias veces al día. Después ya no decía vaya tocho. No decía nada.

Fue ese silencio lo que llamó mi atención. Y allí estaba yo leyendo poemas a hurtadillas con mis 13 años.

Algo me debió quedar porque hoy, cuando he invetido ya los dígitos, me sorprendo volviendo a Pepe.

"Llegué por el dolor a la alegría. Supe por el dolor que el alma existe".